• Alejandro Amigo (Psicólogo)

"EDUCAR CON LÍMITES"


Educar de manera efectiva implica necesariamente poner límites a los pequeños. Estos son necesarios para un desarrollo sano y un crecimiento feliz de los niños y niñas.

Se trata de ponerles límites para que aprendan a actuar sin necesidad de ellos en el futuro, como personas educadas y responsables.

Desde un primer momento, las personas estamos inmersas en un sistema de relaciones de distinto tipo, ya que somos en naturaleza seres sociales. Así, los niños y niñas tendrán que, además de desarrollarse física y personalmente, introducirse poco a poco en la sociedad de la que forman parte. En este desarrollo los pequeños tienen un abanico enorme de conductas y actuaciones, entre las que tendrán que seleccionar las adecuadas. Esto no es una tarea fácil para ellos, ya que en múltiples ocasiones no saben cómo deben proceder para actuar de manera adecuada. Los límites les aportan la información para conocer qué conductas son adecuadas y cuáles no, cuando se comportan bien y cuando no, y entender también el porqué.

Es fundamental y necesario, que aprendan a actuar de manera responsable y autónoma, comprendiendo que hay cosas que no se deben hacer y que no se puede conseguir todo lo que se quiere cuando se quiere. También deben interiorizar que toda acción tendrá una consecuencia. De esta forma en el futuro serán adultos responsables, con autonomía para actuar por sí solos, seguros de sí mismos y capaces de tomar sus propias decisiones, con una moral firme y apropiada.

BENEFICIOS DE UNA EDUCACIÓN CON LÍMITES

Aprender hasta donde pueden llegar es fundamental para los pequeños. Es natural que en el desarrollo de la personalidad de las personas, ensayen y comprueben los límites, poniéndolos a prueba en numerosas ocasiones.

Así, los límites aportan muchos beneficios a los pequeños, que desconocen el mundo y se encuentran en un proceso de aprendizaje social y de desarrollo y crecimiento personal.

  • En primer lugar les aporta seguridad, ya que les permite comprender y tener la conciencia de que no todo vale, que no todo el mundo puede hacer lo que quiera, les aporta la seguridad de saber cómo tienen que actuar, que es lo correcto y lo incorrecto.

  • Establecer unos límites y reglas claras es beneficioso para la convivencia familiar y escolar, ya que de esta forma los pequeños se comportarán siguiendo estas y comprendiendo su importancia.

  • Aprenderán que es necesario seguir unas normas y este aprendizaje les acompañara en su vida adulta.

  • Aprenderán a tolerar la frustración y a convivir en sociedad. Sabrán que no pueden hacer todo lo que quieran y que eso no es malo, siendo capaces de respetar a los demás.

  • Es bueno para el desarrollo de su autonomía y responsabilidad. Una persona que sabe lo que tiene que hacer y cómo tiene que comportarse, es una persona autónoma. Así, tener límites para saber actuar sin necesidad de ellos les convertirá en adultos responsables.

  • Contribuye de manera esencial al desarrollo del autocontrol y como consecuencia de esto conseguirán sus metas y evitarán peligros como adicciones.

  • Favorece el desarrollo de su autoestima y habilidades sociales.

  • Es fundamental para el desarrollo moral, comprender que no pueden hacer todo lo que quieran. Ser conscientes de que es necesario seguir unas reglas morales para con los otros.

¿CÓMO PONER LÍMITES?

¿Cómo ponerles límites de forma eficaz? debemos tener un equilibrio sin excederse en los límites, ya que debemos dejarles que tomen su iniciativa y autonomía propias, pero con unas normas claras que les permitan saber cómo deben actuar en cada momento:

  • Establece normas y ordenes claras y objetivas. Veamos un ejemplo: cuando le decimos al niño “¡pórtate bien!”, puede ser entendido de múltiples maneras. Esta orden no es válida, ya que puede tener diferentes interpretaciones. El niño o niña, no sabe en concreto que es lo que se espera de él. En cambio, debemos decirle claramente lo que esperamos que haga, “Voy a ponerme a trabajar, intenta no hacer mucho ruido y cuando termine jugaremos”. Es importante también que no le demos más orden que una frase, para no confundirle.

  • Aporta opciones alternativas. Si queremos que el pequeño aprenda a seleccionar la conducta más adecuada, debemos dejarle un margen de elección y para ello es conveniente proponerle varias alternativas. Ejemplo: “haz tus deberes ahora y cuando termines tendrás tiempo para jugar o ver la tele, o si quieres primero descansas un rato, pero en media hora debes ponerte a hacerlos”

  • Se firme y constante. Es fundamental que los límites que pongamos sean firmes y constantes para no confundir a los niños y niñas. No podemos dejar que unas veces se cumplan y otras no, si decimos que esto no se debe hacer, no podemos dejarles que en ocasiones lo hagan y en otras no. Por ejemplo: si en clase para hablar los niños y niñas tienen que levantar la mano primero, para respetar el turno de palabra, siempre debe ser así, aunque hagamos una actividad más lúdica.

  • Refuerza lo positivo. Es muy importante que cada conducta positiva, que se ajuste a lo acordado, sea reforzada. No sólo debemos reprochar cuando no cumpla con lo esperado.

  • Explica el porqué. Ante cualquier límite, norma y regla, es importante que expliquemos a los pequeños el porqué de los mismos. De esta forma comprenderán el sentido de los límites y sabrán que no siempre pueden hacer lo que quieran y cuando quieran.

  • Guarda las distancias y controla tus emociones. Para aplicar una disciplina positiva a los niños y niñas, resulta esencial mantenerse tranquilo y no entrar en disputas con ellos. Por ello cuando riñamos al pequeño debemos hacerlo siempre con respeto, sin perder los nervios. Se trata de decirle lo que no pueden hacer, pero no de hacerle sentir mal, queremos que conozca y comprenda como debe comportarse, no que se sienta culpable o herido. Para ello es importante, guardar las distancias, es decir, si hace algo mal se lo diremos, pero en caso de entrar en una disputa, nos alejamos de la misma. Por otro lado como adultos debemos controlar nuestras emociones y tratar de no perder los nervios.

  • Coherencia y consenso. Los límites han de ser coherentes y consensuados. Tienen que tener un sentido que el pequeño comprenda. Si somos incoherentes y ellos no comprender los límites, el mensaje que aprenden será que las normas no tienen sentido. Es bueno consensuar y negociar con ellos las normas y límites, les hacemos participes del proceso y trabajamos de esta manera su autonomía y moralidad.

  • Dile lo que si puede hacer en lugar de decirle siempre lo que no puede hacer.

  • Ten en cuenta la edad y desarrollo, estableciendo límites adecuados.


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