• Alejandro Amigo (psicólogo infantil)

EL ESTRÉS INFANTIL


En este siglo aparece una nueva temática que persigue a los niños, produciéndoles algunos de los vastos trastornos orgánicos. Este se llama "estrés". Esta palabra define la forma que cada sujeto utiliza para adaptarse ante una situación nueva. El problema aparece cuando no se pueden controlar las situaciones de cambio. Por eso es necesario diferenciar dentro del concepto de estrés, las reacciones buenas en busca de una adaptación a la situación, de las reacciones malas. Hablaremos entonces de "euestres" o estrés positivo y de "distrés", como "un monto de estimulación que sobrepasa la capacidad mental del niño y conduce a situaciones sin salida psíquica". Esto ocurre generalmente frente a un hecho traumático o ante acontecimientos que sobrepasan la capacidad del niño para enfrentar la angustia.” La infancia es un período que se caracteriza por cambios y los niños deben hacer frente a los retos que suponen la superación de las transiciones de una etapa a otra. Son, precisamente, estos retos los que pueden convertirse en acontecimientos estresantes y poner en peligro el proceso normal evolutivo de un niño, desde el nacimiento hasta los 13 años, aproximadamente. Algunos ejemplos resultan típicos para entender esta sintomatología en la que el niño se expresa con su cuerpo: irritabilidad, trastornos del sueño o dolores de estómago que no tienen un origen orgánico, pueden ser considerados síntomas de estrés. Cuanto más difícil les resulta manifestar sus sentimientos, más fácil es que expresen su angustia a través del cuerpo. La pérdida de un ser querido puede traer como consecuencia aislamiento, irritabilidad, insomnio, pérdida de interés por lo cotidiano, acompañado de algún síntoma orgánico. Los problemas de desempleo producen un alto estrés laboral en los padres, trasmitiendo en los niños su angustia. Estos no tienen elementos para analizar esos problemas, reaccionando entonces con patología psicosomática. Otro factor de estrés son las sobreexigencias a las que se ven sometidos algunos niños. Presionados por sus padres, tienen diversas y excesivas actividades por el día que le resultan al niño compromisos ineludibles. Los padres exigen a sus hijos hacer todo y de todo para conseguir el éxito. Esos niños se acostumbran a cumplir con el deseo del otro, no permitiendo este afán de los padres de respetar las necesidades propias del niño, especialmente lúdicas y de esparcimiento. En muchos casos los padres no tienen conciencia del peligro al que someten a sus hijos, asegurando los especialistas en esta temática que sí el estrés es prolongado, puede conducir al niño a un deterioro de los procesos naturales de maduración, llevándolos también a trastornos del comportamiento. Los niños con sobrecarga de exigencias pueden presentar, a largo plazo problemas respiratorios o cardíacos. Otros chicos se estresan sin motivos reales. Pueden creer o sentir que ante el nacimiento de un hermanito ya no los aman como antes. En este caso las respuestas al estrés son variadas: disminución del rendimiento escolar, dolores indefinidos, trastornos digestivos, inapetencia, fiebre, etc.


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