• Alejandro Amigo (psicólogo infantil)

DAÑA A SU HERMANO PEQUEÑO, ¿POR QUÉ? ¿QUÉ PUEDO HACER?


Las causas de que un niño de 2 años dañe a su hermano bebé siempre provienen de los celos. Qué un niño experimente celos ante la llegada de su hermano pequeño es más normal y habitual que incluso no los experimente. El porque se puede explicar en términos de economía afectiva (el niño no quiere compartir el cariño de sus padres y el tiempo de éstos con nadie, pues hasta ahora tenia todo el del mundo a su disposición). Si a esto unimos que el bebé suele ser el epicentro de las atenciones en los primeros meses (como es normal por otra parte), tanto de sus padres como de todo su entorno, el hermano es normal que se sienta desplazado o como habitualmente se dice en Psicología Infantil “destronado”. Los hermanos mayores ponen “pruebas” a sus padres para verificar hasta donde llega el cariño por ellos, comparándolo con el que ellos muestran por el bebé. Por ejemplo un niño que ya no quería ir en brazos de sus padres, con la llegaba del bebé puede reflotar en el esa demanda.

No es raro que el hermano mayor trate de forma brusca a su hermano sobre todo cuando se trata del juego. El niño puede hacer esto como muestra de su fuerza ante el, digamos demostrando que es más fuerte y más poderoso y que puede vivir mejor sin la protección de los padres, pero en muchos casos es por imitación. Nos referimos a imitación, en el sentido de que el hermano mayor trata al bebé como su madre le trata a él. Por ejemplo cuando se cae, trata de levantarlo o cuando cambian de sitio de juego lo traslada. El problema es que el hermano mayor no tiene la misma fuerza que su madre y mucho menos el control total de esta. Así que esas situaciones de brusquedad sobre el hermano no llevan implícito intencionalidad.

Si puede haber casos en los que la intención del hermano sea dañar al bebé. Tampoco esto supone una alarma tremenda y no debemos de hacer un drama de ello. Incluso debemos de ser conscientes de que si ésto se produce posiblemente venga acarreado por algún episodio en el que los padres han cometido algún fallo. Como ejemplo: el hermano mayor (2 años o más) llora incomprensiblemente, una rabieta típica, cuyo pretexto es simplemente llamar la atención. Los padres riñen (o incluso azotan) al niño puesto lo consideran mayor como para llorar sin sentido. El niño vuelve a imitar a sus padres cuando su hermano pequeño llora (este por cuestiones biológicas) y le zarandea y le riñe como hicieron sus padres con el.

También debemos ser conscientes de que la percepción de los padres sobre el niño cambia cuando nace el bebé, es decir pasamos de pensar que es un niño pequeño e indefenso (un bebé grande) a un niño fuerte y casi independiente (un pequeño hombrecito), olvidándose de que aún es muy pequeño y necesita las atenciones acordes a su edad.

Por todo ello es muy importante preparar al niño ante la llegada de su hermanito. Existe mucha literatura y terapia sobre ello sobradamente conocida. Se resumen en hacer participe al bebé del periodo de embarazo (que ayude a mamá en los ejercicios, que vea a más madres embarazadas, que sienta los movimientos del bebé en la barriga, etc…), elogiar al niño cuando consiga logros de madurez, incluso prémiele con un salto en la jerarquía de la casa (puede utilizar la taza de papa o sentarse en el sitio de el cuando este no está, Etc...). También es importante que ambos padres presten la atención necesaria al niño, es decir, que no es conveniente que los dos estén siempre con el bebé, se pueden hacer turnos y que el niño pase ratos largos con uno de los dos.

Para evitar que el niño trate inconscientemente al bebé, haga del contacto físico entre ambos algo natural. Nunca se debe prohibir “tocar al bebé” o recalcar demasiado en el “ten cuidado” o “no hables, el bebé duerme” (suelen dormir igual). En los cuidados primarios del bebé, como cambiar pañales, vestirse, es recomendable utilizar a su hermano como ayudante (teniendo en cuenta las posibilidades de este), además de sentirse útil, aumentará el lazo entre el y su hermano y verá su autoestima mejorada (pues el ya no es tan dependiente y lo ve).

Si los comportamientos bruscos son repetitivos y aumentan su intensidad, es conveniente acudir primeramente al pediatra, pues puede entrañar algún problema más serio, aunque no suele ser el caso.


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