• Alejandro Amigo (Psicólogo Infantil)

TIENE UN AMIGO IMAGINARIO


Tener un amigo imaginario no es algo perjudicial para el niño ni por supuesto motivo de alarma para los padres. La existencia de éste suele ser incluso síntoma de una imaginación fértil, y es frecuente en aquellos niños con una inteligencia superior o hijos únicos. Por lo tanto como padres no deberíamos preocuparnos. Muchos padres se preocupan, no saben cuál debe ser su reacción e incluso se enfadan y regañan cuando sus niños tienen amigos imaginarios. Sin embargo, éste es un fenómeno que favorece la comunicación y un punto importante en el desarrollo cognitivo y emocional del niño. Digamos que los niños entrenan situaciones que observan en la vida real, con la intención inconsciente de coger experiencia para la vida ya que se interactúa con todo tipo de personajes y se aprende a manejar la resolución de conflictos que aparecen en el transcurso de su desarrollo. Es esta habilidad entrenada lo que incluso favorece que los niños con amigos imaginarios tengan una mayor capacidad de entablar más amistades reales.

En cuanto a eximirse de culpas, echándole éstas a su amigo, digamos que su “compañero” le sirve como portavoz de sus sentimientos, necesidades o estados de ánimos que no se atreve a exteriorizar por sí mismo. Las causas de esta “vergüenza” tienen su origen en la socialización y como componente común tiene detrás la resistencia a la frustración. Es decir, sentimientos como el miedo a lo absurdo, llorar ante una insignificante caída o las rabietas, generan en el niño un sentimiento de vergüenza que poco a poco surge a medida que aprende lo irracional de esas emociones (socialización). El niño en nombre de su amigo podrá exteriorizar emociones y sentimientos que no se atreve a validar como propios, tales como angustia, miedo, rabia o envidia. Igualmente, si los padres preguntan al niño qué le pasa a su amigo y cosas buenas hace, en qué lo ayuda o qué desea, pueden conocer mejor las necesidades y temores de su hijo y brindarle el apoyo adecuado.

En ocasiones el niño no se atreve a realizar cosas por si mismos que entrañen riesgo y para ello utiliza a su amigo que le da seguridad y valentía. Por ejemplo, el niño quiere imitar a su madre limpiando esa figura de cristal tan delicada y la cual tiene la orden de no tocar…es su amigo el que la coge para limpiarla demostrando su madurez y responsabilidad. Lo que pasa es que además de atribuir acciones, también atribuye a él sus propios sentimientos negativos, muchas veces para evitar el castigo. Por ejemplo si al coger dicha figura se cae y se rompe.

Como resumen digamos que el niño se encuentra protegido por ese amigo y se refugia en él cuando está ante una situación a la cual teme o no sabe enfrentar. Por ejemplo, para evitar un regaño cuando ha hecho algo malo, culpa a su amigo imaginario y le atribuye toda la responsabilidad.

Basta decir que en ningún caso es una conducta anormal y por la cual debemos preocuparnos. Lo que si es necesario es que a medida que el niño crece

y sin darle mayor importancia, se debe estimular el juego con otros niños y con los adultos para que los chicos se ajusten progresivamente a la realidad, pero sin que por ello pierdan su capacidad para imaginar y crear.


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